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SALMO 91 PARA LA SALUD

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Salmo 91 para la salud. En el salmo 91, encontramos las palabras milagrosas para llegar al Señor y para recibir la sanción completa de nuestras dolencias físicas, ya sean enfermedades graves o leves.




Si estás enfermo o enferma en estos momentos, no dudes en escuchar esta milagrosa oración todos los días, al menos por 21 días seguidos.

Lo único que tienes que hacer, es sacar el tiempo para hacerlo y dejarte llevar por el poder de cada palabra, sintiendo en lo más profundo de tu ser, el agradecimiento por la salud que estás recibiendo, porque el Señor está actuando en tu cuerpo a través de ella.

SALMO 91 PARA LA SALUD FÍSICA




SALMO 91 PARA LA SALUD DEL CUERPO

“Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides bajo la sombra del Omnipotente, dile al Señor: “Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza”.

 

En Ti, amado Señor, yo pongo toda mi confianza, toda mi mente, todos mis pensamientos, todo mi amor, toda mi fe, todas las fuerza que tengo las dispongo solo para Ti, amado Cristo.

Porque solo a través de Ti, mi cuerpo puede recibir tu presencia, que es la única medicina real para mi enfermedad.

Dame en este día Señor, toda la miel de tu perdón y tu paz, que me sanan, que me renuevan y me llenen de vida.

Eres el amparo donde me refugio con confianza, donde nada malo me puede pasar, en donde todo lo que hoy trae sufrimiento a mi cuerpo desaparece, porque no puede soportar tan solo una mirada tuya.

Hoy sé y siento en todo mi ser, que Tú, estás aquí, estás en mí, estás conmigo, estás dentro de mí, estás en todo.

Él te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio.

 

Señor Jesucristo, envía a tus ángeles con sus alas abiertas sobre mí, para que su divinidad, su amor incondicional y su luz celestial me protejan, me rodeen y me sanen de toda enfermedad, de todo mal estar, de todo dolor y de todo síntoma.

Que el abrazo de tus ángeles me reconforte física y espiritualmente, para recibir toda la energía sanadora que de ellos emana de acuerdo a tu voluntad.

Líbrame, Señor, del azote de la enfermedad que hoy padezco y que me debilita físicamente.

Dame fortaleza Jesús, ayúdame a afrontar con valentía y fe todo lo que tengo que pasar con el tratamiento médico para que la sanación sea pronto mi verdadero testimonio.

Necesito que la esperanza que me da este salmo 91 se haga realidad en todos los aspectos de mi vida, especialmente en mi salud física.

 

No temerás los miedos de la noche, ni la flecha disparada de día, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol.

 

En la noche, Señor, cuando la oscuridad, el silencio y la soledad se unen con mis padecimientos y los hacen más notorios, dame tu tranquilidad.

Abrázame, confórtame, derrama tu misericordia sobre mí y calma mi dolor.

Que todo miedo se difumine como el humo cada vez que piense en Ti, que te busque o que escuche esta oración.

Que la dicha de tu presencia sea más grande y se sienta más fuerte que cualquier síntoma de mi enfermedad.

Ninguna peste, ninguna flecha puede tocarme si Tú, Señor, no lo permites.

 

Aunque caigan mil hombres a tu lado y diez mil a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura.

 

Gracias Jesús, por mantenerme fuera de peligro, por poner a tus ángeles delante y detrás de mí, para que la maldad no pueda tocarme y la enfermedad no encuentre su morada en mi cuerpo.

Creo en tu palabra, Señor, creo en tus promesas, creo en la protección del salmo 91 que ha llegado a través de esta oración.

Poderoso salmo 91 que has puesto en mi camino hoy y que hace de mi escudo y mi armadura.

Porque Tú, mi Señor, siempre dispones todo en mi vida para bien.

 

Basta que mires con tus ojos y verás cómo se le paga al impío. Pero tú dices: “Mi amparo es el Señor”, tú has hecho del Altísimo tu asilo.

 

Mi amparo eres Tú, mi Dios y Señor, solo en Ti me refugio con confianza y en mi corazón siento el abrigo de estar en el refugio más seguro.

Todas mis dolencias y mis peores días de enfermedad te los entrego hoy a Ti, porque sé que cada día los sentiré menos gracias a tu infinita misericordia que hoy me cubre y me reconforta.

 

La desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda: pues a los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos.

 

Gracias mi Jesús, porque has ordenado a tus ángeles que desplieguen sus alas sobre mí, impregnándome de la más hermosa energía sanadora de amor celestial.

Hoy siento la luz que emana de cada ángel, penetrando todo mi cuerpo y limpiando todas y cada una de mis células enfermas.

Hoy permito que se haga tu voluntad de curación sobre mí.

 

En sus manos te habrán de sostener para que no tropiece tu pie en alguna piedra; andarás sobre víboras y leones y pisarás cachorros y dragones.

 

No tropezaré más, gracias a la protección de tus ángeles que me libran de las recaídas de mi enfermedad y que me levantan hoy y todos los días que vienen de volverme a sentir tan enferm@.

Hoy elevo mis brazos al cielo para recibir de tus propias manos Jesús, y la de todos los seres celestiales, la más pura energía de amor y sanación.

“Pues a mí se acogió, lo libraré, lo protegeré, pues mi Nombre conoció. Si me invoca, yo le responderé, y en la angustia estaré junto a él, lo salvaré, le rendiré honores. Alargaré sus días como lo desea y haré que pueda ver mi salvación”.

 

Alabado seas por siempre mi Señor, alabado seas por tus promesas y porque hoy sé que las cumples en mí.

Conozco tu nombre Señor, y lo invoco con todo mi amor y con toda mi fe, porque nada puede hoy quitarme la dicha de sentir tu sanación y tu perdón.

Alarga mis días Jesús, y que cada uno de ellos sea para alabarte y para dar testimonio viviente de mi liberación.

Bendito seas por siempre, Señor Jesucristo. Amén.

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