SALMO 136 – PORQUE ES ETERNO SU AMOR

salmo 136

Salmo 136. ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! A ti eterno Dios de amor, nos dirigimos en este día, llenos de agradecimiento por tu amor eterno, tu bondad, tu sacrificio y tu misericordia.

Al que hizo los cielos y la tierra, pensando solo en nuestro beneficio, damos gracias con este hermoso salmo 136 y elevamos esta hermosa oración con humildad y confianza en que será recibida con agrado por Dios nuestro Señor.




Escucha amado Dios todo poderoso esta oración que con gran entusiasmo y regocijo pronunciamos, esperando que sea de tu agrado y nos honres con tu atención.

SALMO 136 CATÓLICO




SALMO 136 ORACIÓN

Elevamos esta lectura del libro de salmos 136, para dar gracias por las maravillas de Dios, para reconocer ante Él, su grandeza y majestad porque es bueno con nosotros.

Al Rey de los cielos y la tierra damos gracias en este día por su infinito amor y bondad.

Por la gran obra que ha hecho, y por las maravillas que sigue creando a cada instante para nuestro sustento y nuestro bien.

Mi Dios es bueno, y me lo hace sentir cada día en lo más profundo de mi ser.

Cuando cierro los ojos por un instante y me dedico a sentir su presencia.

Entonces viene a mi consciencia la plenitud de su presencia en todo lo que me rodea, y en todo lo que soy. En todo lo que ha existido, existe y existirá.

Porque Él, me sostiene en este mundo, me cuida, me prepara un mundo nuevo y mejor cada día.

Mi amado Dios, me demuestra su amor eterno a cada instante, aunque yo no lo quiera ver.

Hace maravillas en mi vida, y me envuelve de su amor y su luz cuando lo busco y lo recibo en mi corazón.

Hoy mi amado Dios, a la sombra del salmo 136, yo te alabo, te doy gracias y te reconozco como mi creador, mi proveedor y mi protector.

Yo me refugio en el amor que Tú me das sin merecerlo, en el perdón que solo tu grandeza puede regalarme, y en la paz que brota de tu presencia y sana todas mis angustias.

Dios mío, yo cierro mis ojos en este instante y me dedico a sentir tu aliento sanador y restaurador rozándome y envolviéndome.

Y me dejo llevar por la dicha que trae tu compañía y que todo lo demás lo vuelve insignificante.

Porque Tú, mi Dios y Señor, eres lo más grande, de donde nacen y a donde regresan todas las cosas.

El origen y fin de mi propio ser, de mi alma y de todo lo que mis sentidos pueden percibir.

Desde lo profundo de mi alma te reconozco Dios santísimo, y me regocijo en tu presencia y tu amor eterno por mí y por todos los hombres.

Consuélame en mis tristezas mi Dios, sostenme cuando ya sienta que no puedo más, y recuérdame en un instante milagroso que Tú me amas.

Tiéndeme tus brazos Señor, en mi soledad, en mi tristeza, en mi preocupación, en mi enfermedad y en mi ignorancia.

Ayúdame, para que florezcan desde mi ser todas las cualidades que Tú me has dado y que a veces escondo con mis errores.

Me aferro a tu eterno amor, mi Dios. Me aferro a las promesas que encuentro en tu palabra y a la seguridad que me das cuando oro y cuando te permito entrar en mi corazón.

Gracias Dios mío, porque es eterno tu amor.

Amén.

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